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25 Oct 2017

Empezamos a fabricar parquet en la carpintería.

 

Huele a serrín y una orquesta de chirridos, avisa cada vez que las sierras mecánicas lonchean un tablero. Recientemente llegaron a La Carpintería de Casa do Gaiato, seis camiones con 150 troncos de madera cada uno, para ser convertidos en parquet. Es una apuesta fuerte para este negocio menos activo hoy que en otros tiempos, igual que los otros talleres de la casa.

Todos avanzábamos mejor a salvo de la crisis. La diferencia es que, en Mozambique, el progreso asomaba poco y muy mal repartido, cuando las vacas se volvieron flacas.

 

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Toda esa madera abre puertas a la posibilidad de entablar relaciones comerciales con una importante cadena de tiendas de bricolaje.
La carpintería fue uno de los orgullos del Padre José María, fundador de esta gran obra y ausente desde hace poco más de un año. Yo misma, en mi voluntariado del año 2015, le escuché evocar con emoción aquellos tiempos en que las máquinas echaban humo. Puertas, ventanas, camas, cabeceros, pupitres, sillas, mesas, taburetes, pasamanos, aparadores, armarios, estanterías, galerías y ventanas, salieron de estas naves.

25 años después, todos esos enseres se siguen utilizando en las instalaciones de Casa do Gaiato. Su solidez les hace pesados y capaces a la vez de soportar grandes cargas. Nunca han estado parados a pesar de que bajaron los proyectos. Conseguir hacerse un hueco elaborando parquet, podría ser la salvación del negocio.

Nunca han estado parados. Es frecuente ver en muchos restaurantes de Maputo, unas bonitas cajas donde se presenta la cuenta a los clientes, firmadas por Casa do Gaiato. Se fabricaron 300, grabando a corte láser el nombre de la casa, en un proyecto tan artesano como tecnológico. Y, hace un año, les llegó el encargo de amueblar con palés los escaparates de la tienda, Home Center, 6000 metros cuadrados también en la capital. En aquella ocasión, Elisabeth y su equipo trabajaron con Lucia Nuñez diseñadora industrial y antigua voluntaria en Casa do Gaiato.

 

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Hace 10 años que Elisabeth Drolshagen, una religiosa de la Orden de los Sagrados Corazones, asumió la dirección de la carpintería de Casa do Gaiato. Basta una visita a su pequeño despacho para comprobar que cualidades son precisas para dirigir un equipo donde ella es la única mujer al frente de 7 carpinteros, 9 ayudantes y los gaiatos que a partir de 6ª Clase, rotan de forma intermitente para aprender el oficio. “En Mozambique no es tan raro ver a mujeres en cargos directivos, incluso en la política”.

 

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Elisabeth es disciplinada como buena alemana y confía ciegamente en el porvenir imitando a las mujeres africana, siempre en pie, haciendo gala de la resignación más positiva. Lo que en el primer mundo entendemos como, “emprendedoras”, aquí no es más que el día a día. Lo cotidiano es pelear para sobrevivir. ¿Qué otra cosa es, sino emprender, la caminata diaria en busca de agua y leña? ¿Hay mejor máster en economía doméstica que saber multiplicar por maña un puñado de arroz, para que coma una familia entera? Elisabeth habla castellano y portugués, porque ha vivido en la Península Ibérica. Un curso de carpintería en Alemania determinó su oficio, y la hospitalidad de los mozambiqueños, su domicilio actual. Vive en la aldea conocida como, Antiguos Combatientes, a unos 13 kilómetros de Casa do Gaiato con otras religiosas y unas 40 niñas acogidas que estudian en Casa do Gaiato. A las siete están todas aquí.

En la carpintería lo primero es limpiar. Hay que barrer todo ese polvo, astillas, y trozos de tableros, y amontonar el serrín para luego utilizarlo en la higiene de la granja. La economía circular, amigos todos, también podría ser un invento africano.

  

Sol Alonso. Octubre de 2017, en casa do Gaiato de Maputo.

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