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Osías André es el autor de estas ilustraciones que han viajado más de nueve mil kilómetros para que las disfrutemos, primero todos juntos, y enseguida en privado porque los originales están en venta. 
Osías ha crecido en Casa do Gaiato, un orfanato al sur de Mozambique. Un menino da rua que a través de su esfuerzo y talento, tiene un gran futuro por delante.
Este año finaliza sus estudios de Bellas Artes en la Scola Nacional de Artes Visuales de Maputo. Si compras uno de sus dibujos, además de iniciarte en el apasionante mundo del coleccionismo, ayudas a que Osías complete su formación artística. 

https://osiasandre.wordpress.com/2016/04/24/novos-trabalhos-do-mes-de-abril-2016/

¡Deja entrar el sol!

Soy de las que piensan que la imaginación puede ser más sugerente que la vista. Otra cosa es que la realidad, en su tozudo pragmatismo, se manifieste casi siempre a su manera, ignorando nuestras coordenadas en favor de las suyas.

Por tantos mozambicanos que, a la fuerza, viven mirando sin ver,  la Fundación Barraquer se desplaza cada año, y van media docena, hasta el Hospital de Boane (Maputo) para disipar la oscuridad de tantos ojos aquejados por unas cataratas tristemente más nutridas que sus estoicos portadores.

 

Desde Casa do Gaiato recibo entusiasmada las notas de voz de Fran Arnau Bret, voluntario y amigo, que se ha ocupado de Encontro Optica Boane durante algo más de dos meses. Estos días ha colaborado activamente en la campaña quirúrgica de la Doctora Elena Barraquer y su equipo, loable cruzada para rescatar cristalinos de la opacidad. Apenas le escucho y veo las magníficas fotos que me están llegando, entiendo su entusiasmo y lo comparto sin oponer resistencia. 

 

¡Cómo cunden los madrugones en Casa do Gaiato! A las 8 a.m, ya estaba el equipo listo para uniformarse, mientras en la sala de espera los pacientes soñaban con una claridad que algunos han olvidado ya.  Es el caso de un motorista cuyo ojo derecho sólo notaba “la proyección de luz”, y el izquierdo, lo que en la jerga oculista se dice "cuentadedos", es decir, que el pobre no estaba viendo más allá de sus narices. Sin embargo, este conductor manejaba su carro esquivando baches y grietas en las maltrechas calzadas de la zona como si la vida estuviera en efecto así de desdibujada.  Tras operarse un ojo, fue tan sorprendente comprobar lo que le esperaba al otro lado del vendaje que no dudó en someterse, más pronto que tarde, a la segunda intervención. Cuando la percepción nos cambia los paisajes la vida da un gran vuelco. ¿Cómo será el nuevo día a día de este as del volante? 

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La selección de pacientes se hace durante todo el año en las consultas de atención primaria, en los hospitales de Boane, Matola o Maputo, y en las revisiones de los clientes/pacientes que pasan por la óptica. De nuevo es Fran quien me cuenta, sorprendido, el tamaño de las cataratas operadas en Boane, extremos que dejaron de alcanzarse en países desarrollados.

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Felicidades a este grandísimo equipo de no más de seis personas que han sido capaces de realizar casi 50 operaciones diarias en jornadas de 15 horas, almorzando en 15 minutos, y devolviendo a más de 300 personas uno de los sentidos más gustosos de la vida, el sentido de la vista.

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Sol Alonso

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las cataratas no operadas componen el 33 por ciento de las causas de ceguera en todo el mundo. Este dato corresponde a los 285 millones de personas con ceguera (por cataratas u otras causas) en todo el mundo, de los que un 90 por ciento pertenecen a países con ingresos bajos.  

 

 

Orlando tiene 19 años y lleva once viviendo en Casa do Gaiato. Es uno de los mayorales del centro, un jefe de Casa elegido democráticamente por el resto de los chicos. Supervisa el funcionamiento general, el orden durante las comidas y modera las  sesiones diarias donde los muchachos exponen y debaten las cosillas de ese día. Es el momento de resumir la jornada y, si viene al caso, discutir quejas y problemas para darles solución.  En dos semanas apenas he presenciado algún conflicto, siempre leve, relacionado con la convivencia. Son 150 chavales de 3 a 21 años. Hablar de un camino de rosas sonaría a cuento chino.

 

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Viajando al pasado

La otra tarde tuve la ocasión de viajar al pasado. Los ocupantes de la nave fuimos tres: Dercio, el motorista (en realidad es conductor y la primera persona que conocí nada más aterrizar en Mozambique), Orlando José y yo. Tomamos camino hacia Boane dejando el pueblo atrás para rodar por una ruta mucho más agreste. Tanto que ni el coche, provisto de ruedas todoterreno, puede zafarse de los bancos de arena. Dercio decide que debemos seguir la ruta a pie. 

Enseguida nos cruzamos con familias dispersas, apostadas junto a sus chozas de caña de madera, colocadas en medio de la nada sin orden ni concierto. Dependiendo de los antojos del viento algunas tienen techo y otras no. 

Orlando es un chico tan callado, que no levanta la voz ni cuando rompe su silencio.  Fue, por tanto, un paseo casi reflexivo durante el que yo me preguntaba qué sentiría el muchacho al volver al lugar de donde un día le rescató la providencia para instalarle en una vida mejor.

Calculo que caminamos unos 20 minutos. Nada comparado con los kilómetros que recorren cada día las mujeres para conseguir agua, bien preciado y vital del que allí no hay rastro. Obviamente, tampoco tienen luz. Por los alrededores de las chozas se oye balar a una cabra, el graznido de una familia de patitos famélicos y alguna gallina que rastrea el suelo yermo.  El menaje de cocina está en el suelo y, al lado, un niño rebaña la piel de un coco bien aprovechado. 

Estamos en un lugar llamado Estivel. Orlando nos presenta a Marta Elena y su familia. Son amigos y vecinos de su abuela Isabel, quien le cuidó antes de venir a  Casa do Gaiato. Marta Elena y un niño, Custodio, nos acompañan hasta la casa familiar de Orlando.

-¿Te emociona especialmente estar aquí?

Orlando baja la vista como pensando si decir, o callar, lo que realmente está sintiendo. Finalmente resuelve su dilema con un sincero “no”.

Le pregunto por sus padres. Se llamaban Marta Justino y José de Castro. Dice que fueron muy buenos pero ahora están muertos. La abuela  ingresó en el Hospital de Boane. Tiene problemas en las articulaciones y no puede caminar. 

Escucho la palabra hospital y siento cierto alivio al pensar que los problemas de Isabel pueden tener cura. En un rato un mar de pesimismo ahoga mis dudas.  

 

 

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El hospital

A primera vista el Hospital de Boane podría ser cualquier cosa salvo un sanatorio. Como no me han dicho, o quizás no me enteré, dónde estamos, lo adivino por  los carteles descoloridos que aconsejan cómo prevenir el ébola, las epidemias de cólera y uno muy proselitista de la circuncisión contra las consecuencias del sexo sin medidas de higiene.  

“Confía en nuestros cirujanos. Serás un hombre nuevo”.

En la recepción, por darle un nombre, hay tres boxes con las cortinas medio descolgadas. Una enfermera maquillada a conciencia y con un peinado extraordinario insiste en que Isabel no está ingresada allí. Tras unas llamadas telefónicas, Dercio me invita a pasar hasta una de las habitaciones. Hay seis camas con seis mesillas y un lavabo desvencijado de cuyo grifo, al menos, sale agua.

Las tres camas de la derecha están ocupadas. En la del centro veo, sin poder creer, un cuerpo desnudo y deformado, enredado en una manta de cuadros. El colchón de plástico, y sin sábanas, está lleno de mugre. La habitación apesta y de uno de los lados de la cama cuelga una sonda a reventar de orina. En las rodillas del paciente hay úlceras sin tratar. Cuando me acerco, una mujer de pelo blanco abre los ojos, se deja coger las manos y sonríe. Es Isabel. La abuela enferma.

Al grupo se han unido otros dos chicos. Una de las ingresadas nos pide un poco de agua. En la otra cama, hay una muchacha jovencísima. Piel y huesos. Sus ojos abiertos miran a la nada. Me pregunto si estará viva o muerta, hasta que llegan unos familiares, la incorporan como pueden y le acercan a la boca cucharadas de algo parecido a un caldo. El líquido se escurre por sus comisuras, sin que desistan en la misión imposible de darle de comer.

Salgo al pasillo a respirar y observo que está abierta la puerta de la UVI. Me asomo. Es un cuarto normal con una sola cama, ésta sí, cubierta por una sábana.

Los chicos salen a comprar algo para la abuela. Agua, zumos y un yogur. Deduzco que el hospital no incluye ni la mínima pensión. Dercio, en lengua Sanghane, le pregunta cómo está. Isabel responde sonriendo. Dercio traduce.

“Feliz. Con la visita de sus nietos, la señora está feliz”.

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Nuestra gran colaboradora, Lupe Fernández, organizó junto a familiares y amigos un mercadillo solidario el pasado domingo en Tres Cantos. A pesar de la lluvia y un viento tremendo, recolectaron casi 600 euros para los proyectos de la fundación. Nos sentimos muy orgullosos de su compromiso con el sur de Mozambique!!!

 

 

 

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Osias André cumplió 20 años el pasado 26 de marzo. Dos días antes con él disfrutamos de la  apertura de una muestra colectiva de cien retratos: Colecçao Crescente, donde participaba Osias con una obra titulada Rostro joven.  Este año termina sus estudios en la Scola Nacional de Artes Visuales.  Su sueño, una vez que el merecido título oficialice su talento, es exponer individualmente, como  tarde, en 2017.

Osias vive en Maputo y pasa en Casa do Gaiato los fines de semana. Es frecuente encontrarle en la Sala de Artes, su refugio para trabajar o citarse con las musas. Le interrumpimos mientras colorea unas ilustraciones. En la Sala de Artes suena música clásica. En su mesa, un libro precioso de pintura amazónica titulado El Milagro Verde. Es un aula alegre que derrocha creatividad por las cuatro paredes más el techo, del que cuelgan todo tipo de artilugios de colores. Osias recuerda cariñosamente a Carmen Mitja, la mujer que impulsó ésta y otras disciplinas artísticas en la casa. “Gracias a ella comencé a pintar. Sé que guarda mis primeros dibujos. Siempre eran aldeas parecidas a la mía, Massaca. Cuando Carmen volvió a España, yo pasé a coordinar la Sala”.

 

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Sabe que no puede escatimar esfuerzos, una filosofía que conoce muy bien desde que decidió convertir su vocación en forma de expresarse y, a la vez,  modo de vida.  “En esta exposición participamos cien artistas, prueba de que el arte se mueve. También demuestra que somos muchos, y me alegro. Jamás lo tomaría como una competición”.

Al joven artista, que ya ha vendido siete obras en Europa, le gustaría dar con un mecenas que moviera su trabajo fuera de  Mozambique, recorrer el Museo del Prado y las principales pinacotecas de París y Nueva York. Pero sobre todo, estar frente al Gernika de su admirado Pablo Picasso.

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El camino que ha escogido, aunque difícil, es correcto. Fue una tarde especial en un lugar de visita obligada.  La galería impulsada por Kulungwana, Associaçao para o Desenvolvimento Cultural, impone un recorrido por la preciosa Estación de Ferrocarril de Maputo. Luz crepuscular, música en directo, brindis, intercambio de opiniones, y camaradería.  Una idea rentable, que incluye muchos planes en una sola cita. Hasta el próximo 7 de abril.

Sol Alonso.

 

 El martes 22 de marzo Massaca  fue una fiesta. La Fundação Encontro celebraba el quinto cumpleaños de su vida formal. Una mayoría de edad de cinco años desde que firmas y sellos oficiales legalizaran los estatutos de un sueño que alcanzaba la madurez. La trayectoria continúa siempre paralela al esfuerzo de tantos mozambiqueños que aprenden y enseñan cómo mejorar sus vidas.

“Siempre quisimos que la Comunidad fuera la auténtica protagonista del proyectoFundaçao Encontro está en manos de un equipo mozambiqueño que ya trabaja de manera autónoma cumpliendo los planes que nacieron de la mano de Casa do Gaitao hace casi 25 años”. 

Cuando María José Castro, Directora Ejecutiva de la Fundación, hace balance de este medio lustro, se hace necesario echar la vista atrás. En agosto de 2011 arrancaba un sueño nada fácil de cumplir. Un trecho duro que la labor comunitaria ha ido allanado cada día como prueba de que los problemas se resuelven cuando se unen las fuerzas.

 

 

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 Conseguir que los propios habitantes de las cinco aldeas de Boane  y Namaacha se hicieran cargo de la gestión del proyecto requirió una formación que ha dado buenos frutos. La celebración de ayer fue la mejor señal.

“Ellos ya van recogiendo el testigo”, explica María José como ciudadana española.  “Realmente la coordinación ya está en sus manos.  Encontro  funciona como una Asociación Comunitaria mozambiqueña. Aquí, ser una fundación facilita los trámites pero es un concepto de gestión de muy diferente al de España”. 

Los recuerdos buscan su espacio en el bullicio de la fiesta. Las aulas se vacían y los niños forman y rompen filas, en la excitación del recorrido por los  aledaños del recinto de la Fundación Encontro, que alberga las Escuelas: aulas, zona de recreo, despachos y comedor;  el Centro de Salud: consultas generales, maternidad y sala de cunitas, y la sede de los activistas de Khumbuka.

Música, fútbol, bailes, teatro… El equipo directivo encabezado por Quiteria Torres, desde la presidencia, se dirige a los presentes, que incluye un adorable grupo de mujeres de Massaca y madres de alumnos. En los concursos, la risa se lleva todos los trofeos. Compañeros contra compañeros, fingen una rivalidad estimulante que, entre vítores, a todos nos abre el apetito. No hay fiesta de cumpleaños sin compartir mesa, mantel y tarta. 

 

 

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Sin dejar de hacer memoria.
La alegría de un día como el22 de marzo no admite dudas sobre el sentimiento de la Comunidad hacia una organización que sienten como propia y certifica que las cosas han debido de hacerse bien. Desde la prudencia habla María José de una “gestión aceptable y transparente ya en los primeros tiempos, los más duros. Empezamos sin apenas recursos pero con muchas ganas. Cuando nos independizamos de Casa do Gaiato, el dilema fue  extremo: seguir o cerrar. Sin lugar para la duda prevaleció el deseo de conservar lo avanzado y el sentimiento fue unánime. El beneficio personal, hablo de sueldos, resultó lo de menos. Aquello fue un valiente ejercicio de voluntariado donde se trabajaba a cambio de pequeñas cosas. El personal se reorientó, se fomentaron estudios y completaron formaciones. La escuela, ejemplo de esa nueva gestión,  está en manos de un grupo de coordinadores desde el año pasado. Es su trabajo y su obra”.  Aunque no todos con dedicación completa, el equipo de Funcação Encontro puede que llegue al centenar de personas.

Con el espíritu de no retroceder, ni para tomar impulso. Fundaçao Encontro. ¡Parabéms pra voçê! Y que cumpla muchos más.

 

Sol Alonso. 23 de Marzo 2016.

Los sábados, poesía


20 años. Llegó con 13 a Casa do Gaiato procedente del orfanato de Matola.


Alberto está camino de convertirse en un conocedor de los secretos del petróleo: origen, proceso de formación, refinado y utilidades. Nada fácil si tenemos en cuenta que ha de hincar los codos en materias complicadas: matemáticas, hidráulica e I.P.I. (Introducción a Procesos Industriales). Una inmersión tan profunda como el origen mismo del oro negro. Alberto se sincera cuando reconoce que ha de esforzarse más.
Su madre no vive. Su padre, para los efectos, tampoco está en este mundo.


Hace un año que Alberto salió de Casa do Gaiato y no deja de regresar cada fin de semana.
La contabilidad fue su primer intento de arrancar estudios superiores tras finalizar su formación aquí en la Casa, pero no tuvo la fortuna de superar la prueba de acceso. Gracias a la segunda oportunidad que le brindó Mamá Quiteria, ahora vive en Machava con su abuela, combinando los libros con las tareas domésticas y su afición por la poesía que lee y escribe, naturalmente, en portugués.
Se sabe un privilegiado por conocer Sudáfrica y Swazilandia, y aunque su futuro le parece imprevisible, reconoce que sueña despierto con trabajar en los Estados Unidos, o en los países árabes productores de petróleo. Con todo, emplearse en Mozambique no sería ninguna frustración, siempre pasando por la Universidad para titularse.
Jamás ha estado enamorado y lo que más le relaja es la música romántica, que al mismo tiempo estimula el ritmo de sus pensamientos. Alberto dice reflexionar mejor cuando le acompaña una canción de la brasileña Paula Fernández.


Disfruta cocinando y tiene nociones de carpintería. Cada noche concilia el sueño leyendo libros de historia y geografía, excepto los sábados que siempre dedica a la poesía. Los poetas José Craveirinha, uno de los más importantes poetas de Mozambique, y Lois de Camoes, el mayor trovador en lengua portuguesa, que vivió en el siglo XVI, son sus favoritos. Con 14 años, Alberto redactó sus primeros versos.
Guarda todos sus escritos en casa de la abuela. Para terminar, le pedimos que nos dedique algunas rimas que sepa de memoria:


NOBRE POVO
Criatura de coragem
Nascente de un terramoto
Crescendo na pobreza
E viviendo no amor
Aquele povo que
Carrega o seu bardo
cuando o futuro
Mas avante
Amarra o seu desamor
Lutando pela vida
Luta artimanha


Alberto Nunez.

 

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Activistas de Khumbuka en reunión mensual

 

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Lo primero que nos llama la atención es ese nombre, Khumbuka. Escogido por los propios activistas, en lengua shangana significa "¡acuérdate!". Resume a la perfección la filosofía del trabajo comunitario que practica la Fundação Encontro. Enseñar a los demás lo que uno aprende es el método infalible que lo fija eternamente en la memoria.  Conocimientos compartidos en cadena, multiplicando el esfuerzo. “No olvides de practicar lo que aprendiste. No te olvides de enseñarlo”.

Los abnegados activistas de Khumbuka trabajan puerta a puerta, familia por familia, divulgando las bases de la educación para la salud: cuidados prenatales, lucha contra la desnutrición, sobre todo infantil, planificación familiar, prevención de VIH y otras enfermedades de transmisión sexual, combatir la violencia doméstica, apoyo a las familias más vulnerables… 

 

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Nuestra suerte de este fin de semana fue asistir como invitados a una de sus reuniones mensuales. Una marea roja de rostros satisfechos invade la sede de la Fundação Encontro, en Massaca. Nos reciben con ganas de compartir novedades y repasar lo esencial en una  asamblea que, a ratos, se convierte en un ritual donde todos cantamos y bailamos (unos con más arte que otros).  Los himnos aluden al poder del amor en todas sus variantes: el amor a la tierra y a sus habitantes como motor de progreso, las ganas de ayudar agradeciendo lo obtenido, la unión de fuerzas contra el desaliento en los momentos más duros. 

 

 

 María José Castro, Directora Ejecutiva de la Fundação Encontro, nos recuerda a todos que en África un día cualquiera puede convertirse en un empezar de nuevo. Conviene estar preparados. 

¿Por qué sois activistas? 

Los más lanzados se van poniendo en pie. Su emoción es contagiosa desde la primera frase.   “Quiero ayudar como me ayudaron a mí”. “Educar y compartir para progresar”. “Siendo activista he aprendido a conocerme a mí misma para  conocer a los demás”. “Me gusta apoyar a las mujeres y a sus hijos. Cuidar sus embarazos, la salud de los bebés,  descubrir tantos problemas y necesidades…” .

Todos coinciden en la dureza de los primeros tiempos. No era fácil que las familias abrieran  las puertas de su casa y de su corazón.  “Pobreza, ignorancia, enfermedades, apego a las tradiciones,  desestructuración familiar, violencia doméstica, incluso hambre. Aún así, a veces la gente no quiere cambiar sus costumbres”, dicen. Se vuelve a hablar de amor y de paciencia. Me permito decir que casi veo un psicólogo en cada uno de ellos.

Las activistas (hay amplia mayoría de mujeres) hablan con emoción de sus mayores éxitos.  “Una mujer portadora del virus VIH, madre de cuatro hijos, consiguió que los dos últimos nacieran libres del virus gracias a los tratamientos recibidos en las consultas de cuidados prenatales”, nos cuentan con emoción.  “Logré que dos mujeres embarazadas tuvieran a sus hijos en el hospital, después de gestaciones anteriores sin seguimiento y habiendo parido en casa”, relatan desde otro lado.  Dos ejemplos de un sinfín de historias. Aunque para las más veteranas, Luisa, María, o Rosalina, no hay mejor medalla que ver a sus hijos con la camiseta roja de Khumbuka y haberles transmitido el espíritu de los activistas. 

 

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¿Qué hay de los chicos? Gonçalves Henriques, Departamento de Estudios y Proyectos de la Fundação Encontro, habla de  alguna traba añadida: “En una sociedad donde el machismo prevalece, el hombre, como cabeza de familia, cree saberlo todo”, explica. “Él impone las normas, pero ante las dificultades,  es el primero en distanciarse”. Gonçalves deja que los chicos cuenten cómo aprendieron a hablar con las madres de embarazos, lactancia, planificación famiiar, prevención de VIH e incluso vida sexual. 

Contra carencia, ingenio.

Por último, como en un recreo improvisado, llega el turno de los juegos. Las activistas nos muestran un bazar. Todo lo que pudieron indultar de la basura sirve para construir juguetes y así se lo enseñarán a las madres de las aldeas.  Dos cartones de papel higiénico son unos  prismáticos, los envases de huevos han formado un tren, latas de conservas se convierten en teléfonos móviles, y una botellita de agua luce una melena a trenzas que ya quisiera para sí la  misma muñeca Barbie.

                             

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Es la hora de un merecido almuerzo común.  María José Castro traza la despedida. “Os voy a pedir, por último, que os cojáis de las manos, y cantéis algo que nos haga seguir unidos cuando nos marchemos. Cantad para conservar  el sentimiento de equipo y no perder esta unidad que mañana será la fuerza para seguir trabajando sobre el terreno. Os pido también que compartáis el orgullo de ser activistas en un proyecto pionero en todo  Mozambique”.  

Sol Alonso

Cada activista de Khumbuka se encarga del seguimiento de 20 familias realizando una media de cuatro visitas al día. Trabajan repartidos en las aldeas de Massaca, Mahanhane, Mahelane, Changalane,  Ndividuane, Umpala y PSK. 

 

 

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Sin duda uno de los eventos mas bonitos que se han realizado para ayudar a Mozambique. Antes de las seis de la tarde, la calle de Alburquerque y sus esquinas ya está llenas de gente. A los vecinos les parece inusual por el horario, pero hasta el crepúsculo está de nuestra parte y, rebajando poco a poco la luz natural, consigue que el célebre neón sea bien visible.

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Conciertazo en el Colegio La Salle - Nuestra Señora de las Maravillas con los fantásticos coros Atrium y Página oficial Coro Maravillas. Muchísimas gracias, sobre todo al director Javier Ibarz y a todos los niños que cantaron y asistieron como público.

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